jueves, 19 de agosto de 2010
El viaje de vuelta
Primero la idea abstracta, después la sensacíón en el estómago que se estira por el vientre y sube hasta tocar los hombros. Ninguna imagen concreta. Todo se reduce a colores electrizados y nubes de caramelo. No puede ponerlo en palabras, pues sería atrapar entre letras algo tan... real? No le gusta esa tanto como cualquiera de las anteriores que chapucea su mente, la aleja de un manotazo y vuelve a su estado pre-linguísto.
Besarla. Besarla. Besarla.
¿Fantasía o realidad?
¿Cuál es la diferencia?
Se llena los labios de ganas y puede sentir los de ella acercándose a través del tiempo y el espacio selvático. Se sientan a su lado, saltando al noruego de dos metros y flía y al guía local que le clava el gorro de explorador en las costillas. La siente todo alrededor y se pierde en su universo de babas. Los rayos certeros del mediodía van borrando primero a sus compañeros de vagón, luego al tren mismo y cuando quiere darse cuenta se encuentra flotando en las vías a toda velocidad.
Vértigo.
Pasan los minutos entre montañas verdes y la sigue besando, pasan las horas, baja del tren, sube a un auto y la sigue besando. Pasan montañas terracota, marrones, rocosoas, altísimas y no tanto y la sigue besando. Pasan las cholas, los niños en brazos, los sombreros polvorientos, los mercados baratos y la sigue besando.
Pasa el sol entre las nubes, la noche se hace brillo y la sigue besando.
¿Fantasía o realidad?
¿Cuál es la diferencia?
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