domingo, 10 de octubre de 2010

Esta mañana me bajé del tren en devoto con tiempo suficiente para caminar tranquila hasta la escuela, cosa que rara vez sucede, y quedé muda de tanta primavera exhibiéndose así de desfachatada, casi impúdica diría.

Flores, por todos lados flores, orgullosas de sus colores recién estrenados y tan felices de ser...

La quietud amistosa de barrio que deja oír a los pajaritos y el murmullo lejano de los autos, grandes y tan lindos, que suenan a promesa itinerante y me pierdo un poco por la ruta que va a Los Cocos, bordeando el dique San Roque a toda velocidad. Vuelvo por un rato a la maravilla del aquí y ahora con el repartidor de diarios que me cruza en su bicicleta y no puedo evitar sonreír al ver que lleva las noticias de hoy en un canasto rojo, que parece los antiguos de coca-cola, como los de las botellitas miniatura que coleccionaba con mis primos cuando era chica. En eso doblo la esquina y está todo tan lleno de vida y música y perfume de jazmín que se cuela, libre, por las rejas de las casones de siempre con sus muros musgo frescor, que no lo puedo evitar y me digo tanta belleza duele. Un dolor que me atraviesa con placer aletargado, como solo las mañanas perfectas de primavera pueden doler, y temo que voy a explotar de felicidad si veo una bolsa de plástico flotando.

martes, 5 de octubre de 2010

Soluciones simples para las complejidades de la mujer moderna I


Cómo pintarse las uñas a caballo
Súbase al caballo con sumo cuidado y quédese lo más quieta posible para que éste no salga disparado antes de tiempo (no queremos arruinar el acabado antes de haber empezada). Tome las riendas y el pincel con una mano y mantenga el frasquito en la otra, que deberá posar sobre la montura. Roce al caballo levemente con sus pies y comience a pintar sus uñas dando pequeños tirones de las riendas, uno por cada uña. Este movimiento, de ser lo suficientemente sutil, le permitirá pintarse evitando manchas no deseadas (ni por usted ni por el caballo). Luego repita el mismo procedimiento cambiando las ríendas, el pincel y el frasquito de manos. Finalmente, incite al caballo a trotar y estire una mano y luego la otra para que el viento seque sus uñas.

El último paso es sólo para las osadas que busquen un acabado perfecto: lleve el caballo al galope, aférrese a la montura con las piernas y en un acto de entrega estire ambos brazos y cierre los ojos. Déjese llevar por la velocidad y espere hasta el caballo tome la velocidad necesaria para que el viento le borre de la mente cualquier tipo de problema o mal que le aqueje, y vaya sintiendo como poco a poco se le vuelan las malas y las buenas ideas, hasta que finalmente su mente quede limpia y despejada de nimiedades tales como la prolijidad de sus uñas.

jueves, 26 de agosto de 2010

I've acquired a taste for a wellmade mistake...

A veces soy un error. Un completo error de pies a cabeza. Desde las zapatillas casi sucias y medio número chicas, hasta la bufanda escandalosa de flores rosas que no pega con el rojo saltado de las uñas.
Un error. Un gran error que sale a la calle media hora tarde, con humor de siesta en plena mañana. Un error que toma el subte pensando que superará la velocidad de la luz o logrará volver el tiempo atrás, se baja en la última estación y consigue un taxi solo siete minutos más tarde que su horario de entrada....
Un error haber pretendido ignorar tu espalda tan fría y callada, tan poco tuya. Un error escribir las cosas que puse en lugar de decirte que no hay piel más adictiva que la que baja por tu nuca cuando dobla por los hombros. Un error no haberte besado antes de irme. Un error haber contestado tu mensaje antes de tomar café. Un error haberte escuchado cuando me pediste que dijera cualquier cosa que se me cruce por la cabeza.
Un error caprichoso con auriculares que sale a la calle vestida para clima veraniego en pleno invierno. Un error que no tiene las monedas suficientes para tomar el colectivo y justo hoy le falla el truco de poner carita de tonta y pedirle al chofer que la deje viajar sin boleto.
Un error de cáculo y me paso de parada.
Después llega la noche y los errores se suceden chaplinísticamente en cámara rápida, sin sombrero porque decís que me queda mal y con bigote porque erróneamente use una crema depilatoria vencida y siguen ahí, como si nada. Ensayo y error, mensajes de texto errados para tus ojos delicados. Un horror de minutos  esperar tu respuesta. Una llamada perdida. Comida china y la gata que erróneamente cree que es para compartir y el codo errado que tira el vaso y la coca light que moja los apuntes prestados. Un error de imprenta y escribo lesviana para reirme un rato, pero ya no me causa gracia.

Y cuando pienso que todo está perdido por más que haya venido a ofrecer mi corazón, me demostrás lo errada que estuve todo el día y de un cachetazo chocolatero me sacás de mi estupidez mental errónea y subo entre tu luces, alto, alto, alto.
Y ya no hay palabras, ni errores, ni nada.

Y estás aca conmigo, por más que no estés a mi lado, y vemos la luna cómo nos sonríe desde un desierto lejano y todo parece acertado.

jueves, 19 de agosto de 2010

El viaje de vuelta


Primero la idea abstracta, después la sensacíón en el estómago que se estira por el vientre y sube hasta tocar los hombros. Ninguna imagen concreta. Todo se reduce a colores electrizados y nubes de caramelo. No puede ponerlo en palabras, pues sería atrapar entre letras algo tan... real? No le gusta esa tanto como cualquiera de las anteriores que chapucea su mente, la aleja de un manotazo y vuelve a su estado pre-linguísto.
Besarla. Besarla. Besarla.

¿Fantasía o realidad?

¿Cuál es la diferencia?

Se llena los labios de ganas y puede sentir los de ella acercándose a través del tiempo y el espacio selvático. Se sientan a su lado, saltando al noruego de dos metros y flía y al guía local que le clava el gorro de explorador en las costillas. La siente todo alrededor y se pierde en su universo de babas. Los rayos certeros del mediodía van borrando primero a sus compañeros de vagón, luego al tren mismo y cuando quiere darse cuenta se encuentra flotando en las vías a toda velocidad.

Vértigo.

Pasan los minutos entre montañas verdes y la sigue besando, pasan las horas, baja del tren, sube a un auto y la sigue besando. Pasan montañas terracota, marrones, rocosoas, altísimas y no tanto y la sigue besando. Pasan las cholas, los niños en brazos, los sombreros polvorientos, los mercados baratos y la sigue besando.
Pasa el sol entre las nubes, la noche se hace brillo y la sigue besando.

¿Fantasía o realidad?

¿Cuál es la diferencia?

sábado, 7 de agosto de 2010

Filosofía de goma y poesía barata


Me fumo


Me chupo la piel de una pitada.
Soy carne.
Me fumo el pelo en tres caldas y soy brasa.

Aprieto entre labios toda la insoportable levedad de mi ser
E inhalo tan fuerte que los pulmones se llenan de sangre.

Exhalo humo carmín,
Soy aire.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Catedral


Es un vicio que tengo desde siempre, pero desde que ella se fue se ha transformado en una esperanza masoquista de recobrar un pedacito de su calor. En especial cuando estoy sola, aunque también lo hago a veces en compañía de terceros que ignoran mis verdaderas intenciones (y suelen poner cara de qué-carajo-hacemos-acá y salir despavoridos a los tres minutos).

Sí, sí, es cierto que las iglesias siempre me han gustado. Contaba mi madre que no podía transitar cerca de alguna sin que yo me soltara de su mano y entrara corriendo a esos lugares mágicos de techos infinitos y arquitectura digna de una princesa, a los ojos de una niña de 2 años.

Mi anécdota favorita es del día en que descubrí las hostias. Había entrado como siempre, corriendo y decidida, a la catedral de Mendoza, dejando a mi madre, quien no pertenecía a esa fe por aquel entonces, sentada respetuosamente en uno de los últimos bancos, rezando que la pequeña Constanza no hiciera algo demasiado inadecuado. Llegué a la mitad del pasillo y me encontré con la cola de feligreses que esperaban su pedacito de corpus cristi en silencio. Uno a uno los recorrí como si pareciera entender la importancia del momento hasta llegar a donde estaba el cura. Me quedé un buen rato mirando como depositaba la hostia en las lenguas contritas y luego, sin ningún tipo de advertencia, salí a toda carrera en busca de a mi madre. A mitad del pasillo, lugar desde el que debo haber considerado que mi "vocecita" se escucharía con claridad, la llamé al gripo de:

-Má! Vení que acá regalan galletitas!

Mi relación con la fe apostólica romana fue transformándose con los años: a los 5 me desilusioné porque la catequista no supo explicarme qué o quién era dios, a los 11 comencé a comprender eso de que una iglesia es como un circo y a vociferar opiniones anticristas cuando mi abuela insistía en llevarme a misa. A los 12 vi Jesucristo Superstar y soñaba con destruir templos como el personaje principal. Y así, hasta que lo único que quedó en mí de cristiana son las fotos de mi bautismo. Me burlé de mi prima menor cuando a los 18 decidió tomar la comunión; repudié la decisión de mi madre en sus últimos años de dejar el protestantismo y convertirse en busca de una solución divina al cáncer, y odié al cura "milagroso" con cara de tratante de blancas que fuimos a ver en Rosario.

Pero nunca dejé de entrar en las iglesias. En especial durante los viajes. Entraba, las recorría, las fotografiaba a veces, las odiaba un poco, las envidiaba otro tanto y me iba sin silbar.

La última noche consiente de Marta en este mundo le dije que se iba a morir. Creo que si ella no hubiera sido mi madre y yo no hubiera nacido de ella, jamás hubiera pensado que era una buena idea. Pero lo fue.

Abrió los ojos morfinosos muy, muy grandes y con su característica inocencia me preguntó: AHOoORA?

La cánula indiscutible llenándola de partida y ella regalándonos besos y sonrisas.
No sé cuánto duró, no podría reconstruir la noche con coherencia, ni expresar el torbellino de sentimientos que va del estómago a la cabeza ida y vuelta, ida y vuelta, ida y vuelta…

Me acuerdo que nos retó, nos apretujó, dijo que mi hermana estaba embarazada y se durmió. Se despertó y hubo más besos y abrazos. No quiso que le trajéramos un último whiskey, ni un chocolate, ni nada.

Las risas. El calor. La intimidad. Los recuerdos. Las reflexiones martianas. Mi hermana, ella y yo: trinidad de amor indisoluble. La noche más larga de mi vida. La noche más linda que he conocido. El sentimiento más puro. Las lágrimas más lacerantes. El adios más definitivo.
Mi mejor experiencia.

Después cantó. Me cantó. Con la emoción desafinada de siempre, me miró a los ojos y me regaló una canción que jamás había oido y hasta ahora, a pesar de entrar en cada iglesia que me cruzo, no he vuelto a escuchar:

Tú eres la luz que me ilumina.

Gracias, ma.

domingo, 25 de julio de 2010

ToOdoO o naranjas...(El amor antes del amor)

Así, siempre.

Momentos meséticos, soporíferos, asfixiantes. Yermos de internet y mucho capuccino sin espuma.
Y después BANG! Todo se sucede en cámara rápida y pasan cosas y cosas y más cosas y no sé para dónde correr.
Entonces camino, despacio porque estoy apurada.
En medio del caos de mi habitación, armo la mochila un día antes de lo esctrictamente neceasrio, todo un récord. PoOLiPoOLaRísImA yo y mi mochila donde juego al tetris con los dos sweaters más abrigados que tengo, una campera de media estación, toda mi colección de medias, la ropa interior decente, las mallas, musuclosas y pantalones de verano que tengo que bucear del fondo del placard funguiciento (tan creciendo de lindo los chicos! En cualquier momento les pongo nombre y les canato el feliz cumpleaños) No me tengo que olvidar de comprar los cositos esos que absorben la humedad. Ahí se me ocurre que es el momento ideal para ordenar el cuarto y matar todos los pájaros del mismo tiro. Junto ropa para el laverrap y no me doy cuenta que tengo que avisar que la necesito para mañana a primera hora porque... colgué?

Colgar la ropa al sol, eso me gustaba. Cuando tenía 11 y me enamoraba del amor subía a la terraza a pasear entre sábanas aromáticas. Caminaba por pasillos de tela y sol y soñaba con amar. Ese amor que solo se puede pensarse antes del amor. El amor antes del amor, será el único real?
En medio de tanta locura pasional, de tantas calesisticas ideas y vueltas, me gusta mucho, poquito, nada... amar antes de haber amado, sin ningún decorado ni lencería barata.

Amar y no ser amada.
Amar y que no tenga nombre, ni cara, ni sexo.
Primero, el anhelo del alma gemela.
Despues la media naranja y ahi ya todo perdió su pureza.

jueves, 22 de julio de 2010

Se puede borrar y volver a escribir (y ponerle un poco más de sal)

Escribí, escribí y seguí escribiendo. Después lo borré todo. En algún momento lo volví a abrir. Subí un par de recetas, cuando me creía que podía decirle a alguien cómo hacer algo y volví a borrar todo cuando me di cuenta que era mejor compartir las galletitas que los ingredientes.

Ahora no cocino más.

Mentira, hice unos ñoquis con brócoli hace poco que resultaron ser un pastiche verde y pegajoso que al menos a mi hermana le gustaron (o eso dijo la muy diplomática...)
La palabra pastiche incluye en sí la idea de pegote?
Se puede borrar el sabor de una mala comida?
Escribir es como cocinar. Lo singredientes tienen que ser de calidad, pero la clave está en la mezcla, el tiempo de cocción y los condimentos.

Me pregunto en qué me habré equivocado, con los ñoquis está claro que se pasaron, con las poesías que se me escapó la poeta a los 23 y todavía no volvió.. quizás nunca vuelva, los cuentos estaban buenos, pero también se tomaron vacaciones. La pregunta es... por qué?