sábado, 8 de noviembre de 2014

Comer


Comer, comer, comer, comer, comer, tragar palabras con dulce de leche y nesquick. Comerse la mierda de anoche de una cucharada y agregarle galletitas trituradas. Comer la impotencia, comer un poco más despacio porque quema, comer la bronca directo del pote directo del filo del único cuchillo que corta y rogar que algún día sea cierto eso de que te podés lastimar porque quizás así sí podría parar de comer, engullir, devorar el intento fallido de postre hasta el fondo, rogando que halla fondo. Comer sin pensar, sin sentir, sin gusto ni asco, casi sin estar comiendo, pero sin parar de comer. Como la vez que viniste a cenar y te hice fideos. Comer sin parar hasta que se acabe y después comerme tu plato para no tener que pensar que no te gustaron, que no conectamos, que no funcionamos. Comer el silencio de tu cara, masticar cada gesto reprimido con la voracidad del náufrago, con el placer de una puta vieja, con la paciencia de los vencidos. Comer el pasado antes de llegar a pensarlo, vomitarlo sobre la alfombra violeta y que salga así: marrón, viscoso, rancio. Esperar que se seque y volver a tragarlo, todo junto, sin cuchara, sin cuchillos, sin lengua. Solo una boca que se abre y se hace tacho. Comer, comer, comer, comer, comer los miedos con algo de cansancrem. Comer el olvido como hace uno años cuando te tuve que comer entero para que tu estúpido recuerdo no se quedara mirándome comer todo el día.

Y este puto amor que se me sigue chorreando por la boca

viernes, 31 de enero de 2014

A contramano, siempre

Ellos de noche, yo de día
Todas hasta el 40, yo 42
Todos tan fernet, yo agua con limón
Todos en bicicleta, yo al chino en camisón
Lloran en los funerales, yo y mi humor...
Planchita y baños de keratina, yo tan frizz y descontrol
Todos con su plan, yo pura improvisación
Todos con sus Ray Ban, yo de cara al sol
Con los ojos bien abiertos
Pupilas quemadas y pestañas de carbón
Hasta que arda, siempre.

miércoles, 18 de abril de 2012

1. tr. Arrojar violentamente por la boca lo contenido en el estómago./ 2. Arrojar de sí violentamente una cosa algo que tiene dentro


Momento de hedonismo sadomasoquista sentimental a las 5am en una frase: ver una película que retrata, así sin anestesia, tu vida a los 15 y a los 30, que te corta al medio con la habilidad y precisión del cirujano entrado en carnes que ha dejado de ejercer por entregarse a la bebida y con su mano grande y belluda intenta remover ese bultito que está en el centro de tu angustia, pero como ya no tiene pulso, aplasta todo el sector lacrimoso a la vez, produciéndote un acceso emocional pervehermosísimo, que te lleva a ese éxtasis de amor, locura y dolor y te recorre entera y sangran todas las heridas y no hay sutura que aguante y sos pasión y odio y carne abierta hasta las 7am que te vence el sueño y al despertar te encontrás con las ojeras más profundas que hayas tenido y el alma purgada y sos otra vez esa que a los 7 conoció la brutalidad azarosa que domina este mundo y ves, en cámara lenta siempre, el puño del compañerito de segundo grado que al grito de "en la selva no hay cisnes" aplasta tu obra maestra de arcilla, sin saber que también aplasta tus sueños de princesa y te da esa lección que nunca vas a olvidar y que tiene miles de nombres que le vas a ir dando con el correr de los años, pero en esencia siempre es lo mismo: amor y esa necesidad de destruir lo bello.

viernes, 23 de marzo de 2012

Ella baila sola... (o autodefensa en los días de sol)



...sola, siempre sola

Ann Coztas, solita su alma sin siquiera una guitarra, en el subte. Pasajera en trance hacia un lugar muy cierto, angustiada, con ese karma de vivir al sur y quemar las cortinas y encenderse de amor.
Y ellos que le dicen, hazte fama y échate a dormir y ella que ya no sabe más que hacer con su vida, ella que ya no sabe más qué hacer... cuando su mundo se agita, todos la empiezan a joder. 

y se mueve sin parar.

Entonces se enciende el complejo sistema de audio incorporado en su cabeza, que sea activa automáticamente y es imposible de programar.
Deja que el ritmo tome su cuerpo, primero sus manos, que golpetean el caño del subte suave, casi imperceptiblemente. Luego los dedos de lo pies, haciendo fuerza para mover la humanidad entera de Ann desde sus minúsculas diez entidades. Y pronto se suma la cabeza, coreando el estribillo de esa canción tan rock, tan ella, tan sol. 

no registra nunca a nadie

No va en tren, ni va en avión y ciertamente no necesita a nadie al rededor. El volúmen amenaza con escaparséle por la boca y su cuerpo ya ha empezado a contorsionarse sin disimulo. Todo se construye y se destruye tan rápidamente, que no puede dejar de sonreir.

y se pone a bailar!
Su piel se hace ritmo, su voz canción, manos y pies a cargo de la percusión. Poco le importan las miradas extrañas, le resbalan como si su tristeza de furia fuese una pátina oleosa que la libera del exterior. Y baila, baila sus angustias y sus miedos sin sentido, baila aquellas palabras que la hicieron llorar, baila el recuerdo, baila el olvido, baila la paranoia, baila Angel Gallardo y Medrano.

Ella baila sola, baila.

En Gardel se pregunta si esa luciérnaga curiosa será su consuelo y sale a los saltos de subte. Sube la escalera y cumple su misión, las lágrimas le dicen que un poco se curó. Se pregunta por qué no hay más delirantes por ahí, bailando en una calle cualquiera... y ahí se acuerda que la gente normal va a bailar a las discotecas. Pobres...

miércoles, 11 de mayo de 2011

Tristeza oseocular concreta


Hoy siento la tristeza en las rodillas. Como si en cualquier momento el exceso de angustia acumulada fuera a quebrarme justo ahí. Mis piernas dibujan una boca hacia abajo y hasta el bello de mi sexo, usualmente rizado y desordenado, se dejan caer hacia el suelo, lacio, fláccido, infeliz.

Tengo los brazos y las manos casi como siempre. Se mueven, levantan la tiza, hacen correr las monedas, se ponen el saco y saludan casi como siempre, pero yo que los conozco noto cierta indiferencia poco usual. Están pero no están. Tengo los brazos ausentes.

Los ojos me duelen. El brillo del cielo me insulta las pupilas y dejo que venga el llanto.
Lloro porque es martes y hay sol.
Lloro en el colectivo mis lágrimas nocturnas en medio del barullo del mediodía.
Lloro porque me siento estafada con eso de que el tiempo cura todas las heridas.
Lloro por todas las mentiras.
Lloro porque la extraño y es el dolor más inapelable que existe.

jueves, 21 de abril de 2011

El globo




Subte, mediodía de sol y frescor, estación Aguero. La línea D se encuentra temporalmente suspendida. Horda de anónimos convergen en escalera mecánica que sale a Santa Fe. Primer primerísimo plano: mano de mujer rosada. Sabia y segura, levemente arrugada, cálida, jugando. Detrás de la mano un globo que la señora hace subir por la escalera mecánica, empujándolo hacia el mundo exterior por el pasamanos.


El cielo grita celeste, el globo responde amarillo. Mi tiempo se detiene en esa mano.


De a ratos la mano es globo y de a poco el globo recuerda lo que es ser globo. La mano se infla y sonríe, regala su aire a ese objeto casi inanimado que pareciera cobrar vida para continuar el juego. Mano y globo suben sin apuro y al llegar afuera se toman por el hilo y salen a la vereda. 


La mano busca, el globo espera. La mano encuentra. El globo pasa a manos de una niña sorprendida. 


Niña, globo y señora sonríen.


Yo, lloro.

domingo, 10 de octubre de 2010

Esta mañana me bajé del tren en devoto con tiempo suficiente para caminar tranquila hasta la escuela, cosa que rara vez sucede, y quedé muda de tanta primavera exhibiéndose así de desfachatada, casi impúdica diría.

Flores, por todos lados flores, orgullosas de sus colores recién estrenados y tan felices de ser...

La quietud amistosa de barrio que deja oír a los pajaritos y el murmullo lejano de los autos, grandes y tan lindos, que suenan a promesa itinerante y me pierdo un poco por la ruta que va a Los Cocos, bordeando el dique San Roque a toda velocidad. Vuelvo por un rato a la maravilla del aquí y ahora con el repartidor de diarios que me cruza en su bicicleta y no puedo evitar sonreír al ver que lleva las noticias de hoy en un canasto rojo, que parece los antiguos de coca-cola, como los de las botellitas miniatura que coleccionaba con mis primos cuando era chica. En eso doblo la esquina y está todo tan lleno de vida y música y perfume de jazmín que se cuela, libre, por las rejas de las casones de siempre con sus muros musgo frescor, que no lo puedo evitar y me digo tanta belleza duele. Un dolor que me atraviesa con placer aletargado, como solo las mañanas perfectas de primavera pueden doler, y temo que voy a explotar de felicidad si veo una bolsa de plástico flotando.