Es un vicio que tengo desde siempre, pero desde que ella se fue se ha transformado en una esperanza masoquista de recobrar un pedacito de su calor. En especial cuando estoy sola, aunque también lo hago a veces en compañía de terceros que ignoran mis verdaderas intenciones (y suelen poner cara de qué-carajo-hacemos-acá y salir despavoridos a los tres minutos).
Sí, sí, es cierto que las iglesias siempre me han gustado. Contaba mi madre que no podía transitar cerca de alguna sin que yo me soltara de su mano y entrara corriendo a esos lugares mágicos de techos infinitos y arquitectura digna de una princesa, a los ojos de una niña de 2 años.
Mi anécdota favorita es del día en que descubrí las hostias. Había entrado como siempre, corriendo y decidida, a la catedral de Mendoza, dejando a mi madre, quien no pertenecía a esa fe por aquel entonces, sentada respetuosamente en uno de los últimos bancos, rezando que la pequeña Constanza no hiciera algo demasiado inadecuado. Llegué a la mitad del pasillo y me encontré con la cola de feligreses que esperaban su pedacito de corpus cristi en silencio. Uno a uno los recorrí como si pareciera entender la importancia del momento hasta llegar a donde estaba el cura. Me quedé un buen rato mirando como depositaba la hostia en las lenguas contritas y luego, sin ningún tipo de advertencia, salí a toda carrera en busca de a mi madre. A mitad del pasillo, lugar desde el que debo haber considerado que mi "vocecita" se escucharía con claridad, la llamé al gripo de:
-Má! Vení que acá regalan galletitas!
Mi relación con la fe apostólica romana fue transformándose con los años: a los 5 me desilusioné porque la catequista no supo explicarme qué o quién era dios, a los 11 comencé a comprender eso de que una iglesia es como un circo y a vociferar opiniones anticristas cuando mi abuela insistía en llevarme a misa. A los 12 vi Jesucristo Superstar y soñaba con destruir templos como el personaje principal. Y así, hasta que lo único que quedó en mí de cristiana son las fotos de mi bautismo. Me burlé de mi prima menor cuando a los 18 decidió tomar la comunión; repudié la decisión de mi madre en sus últimos años de dejar el protestantismo y convertirse en busca de una solución divina al cáncer, y odié al cura "milagroso" con cara de tratante de blancas que fuimos a ver en Rosario.
Pero nunca dejé de entrar en las iglesias. En especial durante los viajes. Entraba, las recorría, las fotografiaba a veces, las odiaba un poco, las envidiaba otro tanto y me iba sin silbar.
La última noche consiente de Marta en este mundo le dije que se iba a morir. Creo que si ella no hubiera sido mi madre y yo no hubiera nacido de ella, jamás hubiera pensado que era una buena idea. Pero lo fue.
Abrió los ojos morfinosos muy, muy grandes y con su característica inocencia me preguntó: AHOoORA?
La cánula indiscutible llenándola de partida y ella regalándonos besos y sonrisas.
No sé cuánto duró, no podría reconstruir la noche con coherencia, ni expresar el torbellino de sentimientos que va del estómago a la cabeza ida y vuelta, ida y vuelta, ida y vuelta…
Me acuerdo que nos retó, nos apretujó, dijo que mi hermana estaba embarazada y se durmió. Se despertó y hubo más besos y abrazos. No quiso que le trajéramos un último whiskey, ni un chocolate, ni nada.
Las risas. El calor. La intimidad. Los recuerdos. Las reflexiones martianas. Mi hermana, ella y yo: trinidad de amor indisoluble. La noche más larga de mi vida. La noche más linda que he conocido. El sentimiento más puro. Las lágrimas más lacerantes. El adios más definitivo.
Mi mejor experiencia.
Después cantó. Me cantó. Con la emoción desafinada de siempre, me miró a los ojos y me regaló una canción que jamás había oido y hasta ahora, a pesar de entrar en cada iglesia que me cruzo, no he vuelto a escuchar:
Tú eres la luz que me ilumina.
Gracias, ma.
3 comentarios:
Ay Conita, hasta las lagrimas sin parar me llevaste con este relato, hermoso leerte... besos muchos y un abrazo mas fuerte aun.
Muchas gracias!
Abrazos infinitos para tí también!
Muy sentido piba, encantome.
Yo también tengo la manía de meterme en iglesias...creo que apartir de haberlas analizado meticulosamente en historia del arte...me cuelgo con la arquitectura, los vitraux, algunas esculturas(como las reproducciones de La piedad de Miguel Angel). Y les saco foto cuan turista japonés, si me copa la iglesia en cuestión. Es muy loco...me dan cierta paz aún siendo agnóstica...una cierta energía...que nada tiene que ver con la religión católica pero bueno...
Muy lindo tu blog =).
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